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Oren sin Cesar

Por: Roberto Celaya

Paco y Pancho son dos amigos. Viven cerca uno del otro y van a la misma escuela. Paco pertenece a la iglesia de Dios y aunque Pancho no profesa su fe ambos, Paco y Pancho, se respetan lo que enriquece su relación.

-Paco.
-Sí, Pancho, dime.
-A veces veo que en el receso que nos dan a media mañana, cuando vas a comer lo que trajiste, inclinas la cabeza y cierras los ojos.

-¿Y quieres saber qué estoy haciendo, verdad?
-No, Paco, supongo estas orando.
-Así es, ¿entonces, Pancho?
-Pues más bien.
-¿Si?
-Pues.
-Dime.
-¿Cómo es eso de la oración?
-¿A qué te refieres, Pancho?
-Sí, mira, desde pequeño a mí también me han dicho ore a Dios, me han enseñado oraciones las cuales repito, pero cuando soy yo quien quiero orar como que ahí me estanco, es decir, ¿cómo debo hacerlo?, ¿lo hago sólo para pedir?, ¿cuándo no estoy de ánimo, por ejemplo si estoy molesto, no debo orar?
-¿Cómo hacerlo?
-Si, por ejemplo, Paco, ¿cómo orar?
-Sí, mira, pero antes que se me olvide, dime, ¿vinieron aquellos parientes tuyos que me dijiste?, ¿cómo les fue con ellos?
-Sí, Paco, mi tía y su esposo, con su nuevo bebé, vinieron la semana pasada como te dije, se quedaron con nosotros tres días. Todo bien, me gustó conocer a mi primito, me dejaron cargarlo y jugué con él. Una noche le dio por llorar mucho y todos en casa nos preocupamos, pero una vez llamado el pediatra resultó sólo era cólico y ya todos descansamos. Por lo demás todo bien y ya se regresaron a donde viven llegando con bien.
-Ahí está, Pancho.
-¿Ahí está qué, Paco?
-Ahí está tu cómo orar.
-No entiendo.
-Fíjate cómo hablaste conmigo. Tranquilo, en paz, contando esa vivencia, diciéndome lo que habías disfrutado, lo que les había preocupado, lo que se había solucionado, lo bien que la pasaron y lo sanos que llegaron de vuelta a su casa.
-No entiendo.
-De esa misma forma debes hablar con nuestro Padre Dios.
-¡Ah, pero tú eres mi amigo, Paco! A  ti te conozco.
-Nuestro Padre Dios está más cerca de nosotros, Él nos conoce, y lo que es mejor: nos ama.
-Pero…
-Mira, Paco. Eso del cómo orar siempre ha preocupado a las personas. Lucas 11:1-4 relata cómo los discípulos de Jesús le pidieron les enseñara a orar y Él les mostró cómo hacerlo.
-Ah, sí: el padrenuestro. Yo lo repito en mis oraciones, Paco.
-Ahí está el asunto, Pancho. Jesús no les dio una oración para repetir y repetir, sino mostró un modelo para ayudarnos en desarrollar esa conversación libre e íntima con nuestro Padre. Fíjate cómo el padrenuestro, como tú le llamas, comienza en Lucas 11:2 reconociendo la soberanía del Padre, luego en Lucas 11:3 pedimos por nuestras necesidades, en Lucas 11:4 imploramos misericordia por nuestros errores pero, y esto es importante, comprometiéndonos también a ejercer misericordia con los demás, también ahí le pedimos ayuda para superar las pruebas pues solos nada podemos.
-Ya veo, Paco.
-Es un modelo, pero la oración debe ser personalísima. Igual que lo que me platicaste. Agradeciendo por lo que se tenga que agradecer, pidiendo perdón por lo que se tenga que pedir perdón, o simplemente hablando con Él como con un amigo muy cercano de nuestra vida, nuestros temores, nuestros deseos, y sobre todo nuestra disposición para vivir conforme Su voluntad.
-Entiendo, Pancho.
-Si te fijas, entonces, y haciendo referencia a tu segunda pregunta, no sólo oramos para pedir, sino para reconocer a nuestro Padre como nuestro único Dios, para agradecer, para allegarnos de misericordia, para pedir ayuda para hacer la voluntad del Padre y, sí, también para pedir lo que necesitemos.
-Yo a veces pido y no se me concede, Paco.
-1 Juan 5:14 nos dice, Pancho, que "ésta es la confianza que tenemos al acercarnos a Dios: que si pedimos conforme a su voluntad, él nos oye".
-Sí, yo pido con confianza pero a veces no se me cumple.
-Confianza es una parte de la oración, la otra, como ahí dice, es que lo que pidamos sea conforme a su voluntad.
-¿Si no se me concede quiere decir Dios no me oyó?
-Salmos 145:18 nos dice claramente que "el Señor está cerca de quienes lo invocan, de quienes lo invocan en verdad" y Jeremías 29:12 señala que "entonces ustedes me invocarán, y vendrán a suplicarme, y yo los escucharé". Dios siempre nos oye. Él sabe lo que nos conviene. Nuestra parte es pedir y si es conforme a su voluntad Él nos lo concederá.
-¿Y si no se concede, Paco?
-Yo seguiría pidiendo.
-¿Lo mismo una y otra vez?
-Más bien conocer la voluntad del Padre para ajustar mi oración a ella, como dice Jeremías 33:3 "clama a mí y te responderé, y te daré a conocer cosas grandes y ocultas que tú no sabes".
-Y de lo último que te pregunté, de que si debo orar aun cuando me sienta indispuesto, por ejemplo cuando estoy enojado.
-¿Te acuerdas la otra vez que me platicaste de tu problema con Luis, Pancho?
-Sí, cómo no, andaba bien enojado.
-¡Igual con Dios, Pancho! Así como lo hiciste conmigo puedes hacerlo con Él. ¿Por qué lo ves tan lejano, tan solemne que no nos podemos acercar a Él? Mira, Hebreos 4:16 nos dice que "Por tanto, acerquémonos con confianza al trono de la gracia para que recibamos misericordia, y hallemos gracia para la ayuda oportuna". Te fijas: con confianza.
-Aunque ande enojado, deprimido, molesto, desanimado.
-Salmos 18:6 nos dice "En mi angustia invoqué al Señor; clamé a mi Dios, y él me escuchó desde su templo; ¡mi clamor llegó a sus oídos!" Así que con confianza podemos acercarnos a Dios, orar, incluso cuando las tormentas mentales o emocionales que mencionas, y que yo agregaría otras como la duda, la desesperación, la tristeza, nos abrumen, con un ánimo de pedir luz, guía, claridad, sin olvidarnos sujetarnos a la voluntad del Padre por su Santo Espíritu y para Su mayor gloria.
-Entonces esto de la oración no es tan complicado.
-¿Complicado?, ¿hablar con Quien, como dice Isaías 43:7, te ha creado para Su gloria?, ¿hablar con Quien, como dice Romanos 5:8, nos ama tanto como para habernos dado a Jesús, Su Hijo, como nuestro hermano, como nuestro salvador?, ¿hablar con Quien como dice Jeremías 23:23, es un Dios cercano a nosotros, y no sólo cercano sino, como dice Salmos 59:10, un Dios que viene a nuestro encuentro? Más que complicado es algo gozoso, esperanzador, tranquilizador, placentero, algo que desborda nuestro corazón y nos trae consolación, guía, y paz.
-Sí, Paco, me ha ayudado hablar de esto contigo.
-Ya casi es hora de entrar de nuevo al salón, Pancho, ¿nos vamos?
-Adelántate, Paco, hace rato no hablo con Alguien y tengo mucho que decirle.
-Muy bien, amigo, muy bien. Nos vemos, al rato, Pancho.
-Nos vemos, Paco.

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