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El Trono de Misericordia

Por: Roberto Celaya

Paco y Pancho son dos amigos. Viven cerca uno del otro y van a la misma escuela. Paco pertenece a la iglesia de Dios y aunque Pancho no profesa su fe ambos, Paco y Pancho, se respetan lo que enriquece su relación.

-Paco, Paco.
-Si, Pancho, ¿qué hay?
-Oye, Paco, ¿puedo preguntarte algo?
-De que puedes, puedes, Paco.
-No, pues si, ¿verdad?
-A ver, Pancho, dime.
-Oye, ¿qué haces tú cuando cometes errores?

-¿Cómo errores?, ¿en un examen o en una tarea?
-No, Paco. No tanto en un examen o en una tarea. No ese tipo de errores, de los otros.
-¿Cuáles otros, Pancho? No te entiendo.
-Bueno, pues de los otros.
-¿Cuáles, Pancho?
-Mira, te lo pongo de esta forma. Tú cometes pecados, ¿verdad?
-Si, Pancho.
-¡Ah!, creí me ibas decir que no. Con eso de que eres cristiano.
-¿Y eso que tiene, Pancho? Igual caigo, caigo y por la Gracia de Dios me levanto. Pero de eso a decir que yo no peco, hay mucha diferencia. Como dice en 1 Juan 1:8 "Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros".
-Ya veo, Paco.
-¿Esa era la pregunta, Pancho?
-No Paco, más bien era que si ¿qué haces tú cuando cometes pecado?
-Bueno, Pancho, pues lo primero es arrepentirme, arrepentirme ante Dios y pedir Su perdón. Lo segundo, si hubo algo contra algún hermano, es reconciliarme. Si el error, como tú lo llamas, que no es otra cosa que un pecado, lo cometí contra un hermano, tengo y debo de reconciliarme con él. Como dice Mateo 5:23-24 "Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda".
-Si, Paco, pero ¿qué haces para que Dios te perdone?
-¿Cómo es eso, Pancho, no entiendo?
-Si, mira: ¿ayunas, haces penitencia, algún sacrificio?
-¿Para que Dios me perdone?
-Si, Paco, para que Dios te perdone.
-Amigo, yo creo que estamos hablando diferentes lenguajes, yo no tengo que hacer nada; no, más bien: yo no puedo hacer nada para que Dios me perdone. Nada de lo que yo haga puede comprar, ganar, obtener por mis propios esfuerzos el perdón de Dios para conmigo. Isaías 64:6 dice que "como trapo de inmundicia todas nuestras obras justas", ¿sabes por qué?, por que nuestro Padre Dios es Santo y Perfecto y nosotros estamos muy, pero muy lejos de eso.
-¿Entonces?
-¿Te acuerdas de la cita que te dije ahorita de 1 Juan 1:8?, pues siguiendo con ella 1 Juan 1:9-10 dice "Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros". Fue Cristo quien una sola vez y para siempre pagó por mí y por todos la deuda de todas nuestras transgresiones, no sólo las pasadas sino todas, como dice 1 Pedro 3:18 "Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu". Así que si te fijas, Pancho, no hay ya nada que yo tenga que hacer para que Dios me perdone. Bueno, más bien si hay algo y es lo que ya te dije: confesar nuestros pecados, arrepentirnos de ellos, reconciliarnos con el hermano.
-Si entiendo, Paco, pero a veces como que no me siento digno de ese perdón.
-¡Pero es que nadie somos dignos, Pancho! Decir lo contrario haría que entonces el perdón no fuera gracia, sino algo que nos merecemos y no es así. Pero entiendo tu sentimiento, acá entre nos y esto es de mi cosecha, a mi me parece que ese sentimiento lo pone el Enemigo en nuestra mente, en nuestro corazón, para alejarnos del perdón.
-¿Y qué hacer en ese caso, Paco?
-2 Timoteo 3:16 dice que "toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir, para instruir en justicia".
-¿Y que dice la Escritura de esto que te comento?
-Isaías 16:5 dice "Se establecerá en la misericordia un trono, y en él se sentará con fidelidad, en la tienda de David, un juez que busque lo justo y esté presto a la justicia"; Salmos 89:14 dice que "La justicia y el derecho son el fundamento de tu trono; la misericordia y la verdad van delante de ti". Y con esto en mente Hebreos 4:16 nos dice que "Por tanto, acerquémonos con confianza al trono de la gracia para que recibamos misericordia, y hallemos gracia para la ayuda oportuna". Estas citas para mí me dan la confianza de acercarme a Dios buscando Su perdón, no por que yo me considere digno o no, no por que yo confíe en mis esfuerzos para ganar Su perdón, no: me acerco confiado en Su infinita misericordia, en Su eterno amor y en la Sangre Salvadora de Jesucristo, Su Hijo, mi Señor. Dios mismo ha dicho, en Isaías 1:18, que "aunque vuestros pecados sean como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; aunque sean rojos como el carmesí, como blanca lana quedarán". Es esto es en lo que creo, en esto es en lo que confío.
-Ya entiendo, Paco.
-Oye, Pancho.
-Si, dime.
-¿Me preguntaste eso por curiosidad o tú traes algo?
-Un poco de esto y de lo otro. Más de lo otro.
-¿Y que esperas?
-¿Para? ¡Ah, si: ya entiendo!
-Adelante amigo. Te dejo un momento. Aprovecha. Ahí luego me buscas.
-Sale, Paco, y gracias.
-No, mi amigo: las gracias siempre por todo y para todo, después de lo que hemos platicado, son para Dios por Su infinita misericordia y Su eterno amor. Nos vemos.
-Nos vemos, Paco. Y aunque no quieras… gracias.

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